
martes, 14 de agosto de 2007
CON LA FRENTE BIEN ALTA
La grandeza está íntimamente relacionada con el éxito, pero se demuestra en la adversidad. Cuando las cosas no salen de acuerdo con lo planificado, el rival se manifiesta claramente superior y las respuestas futbolística no aparecen, resulta muy difícil seguir adelante, sin derrumbarse anímicamente. Por actitud, orgullo y, sobre todo, por el apoyo incondicional de su gente, lo de Tigre fue dignísimo, en todo sentido, más allá de lo abultado del resultado
El Matador fue local, en cancha de Vélez, y eso quedó bien claro. Cerca de 20 mil personas se dieron cita, para acompañar al equipo y alentaron en forma permanente. Ni el duro golpe que significó el gol de Independiente, cuando recién comenzaba el encuentro, ni el trámite adverso, ni siquiera el 0-3 final lograron acallar sus voces.
Después de un primer tiempo, en el cual Tigre se vio claramente superado, salió a jugar la segunda mitad con otra actitud, como si no hubiera sentido el impacto del 0-2, e hizo ilusionar a su gente, que por un momento llegó a creer que el milagro no era imposible. Con el tercer tanto del Rojo, las esperanzas se desvanecieron, no así el aliento del pueblo Tigrense.
El encuentro se moría y el equipo no encontraba respuestas, pero siguió buscando hasta el final el gol del descuento, que jamás llegó. Lo hizo con las armas más nobles, lejos de la patada y el golpe artero, que suele derivar de la impotencia que genera una derrota de esas características.
Fue una caída tan clara, contundente y dolorosa, como digna. No hubo ningún tipo de reproche. Los jugadores se retiraron aplaudidos, con la cabeza levantada y la tranquilidad de saber que el hincha de Tigre apoya en todo momento...
El Matador fue local, en cancha de Vélez, y eso quedó bien claro. Cerca de 20 mil personas se dieron cita, para acompañar al equipo y alentaron en forma permanente. Ni el duro golpe que significó el gol de Independiente, cuando recién comenzaba el encuentro, ni el trámite adverso, ni siquiera el 0-3 final lograron acallar sus voces.
Después de un primer tiempo, en el cual Tigre se vio claramente superado, salió a jugar la segunda mitad con otra actitud, como si no hubiera sentido el impacto del 0-2, e hizo ilusionar a su gente, que por un momento llegó a creer que el milagro no era imposible. Con el tercer tanto del Rojo, las esperanzas se desvanecieron, no así el aliento del pueblo Tigrense.
El encuentro se moría y el equipo no encontraba respuestas, pero siguió buscando hasta el final el gol del descuento, que jamás llegó. Lo hizo con las armas más nobles, lejos de la patada y el golpe artero, que suele derivar de la impotencia que genera una derrota de esas características.
Fue una caída tan clara, contundente y dolorosa, como digna. No hubo ningún tipo de reproche. Los jugadores se retiraron aplaudidos, con la cabeza levantada y la tranquilidad de saber que el hincha de Tigre apoya en todo momento...
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